Música para cine en 5.1 y 7.1
En una mezcla tradicional de música para cine, el o la compositora crearán, grabarán y pre-mezclarán, por lo general, sus piezas musicales dentro de un esquema stereo.
Es común que esta música llegue grabada en canales mono o stereo a la sala de mezcla, y será ahiíque se determinará definitivamente en qué parte de un espacio 5.1 o 7.1 se colocará cada voz, instrumento o cualquier otro sonido que haga parte de la composición. En algunos casos, la música llegará a la sala de mezcla ya pre-mezclada en canales 5.1 o 7.1, cuando el estudio cuente con este sistema de mezcla y reproducción. Por lo general, esto se hace para ahorrar horas de mezcla. Lo importante aquí es recalcar que el posicionamiento de los sonidos musicales se define en gran medida después de que fueron compuestos y grabados. En otras palabras, la posición de cada instrumento, voz o sonido no es parte del proceso mismo de la composición (o en muy menor medida, si se quiere), sino más bien de la mezcla.
El espacio en el que pensamos y componemos música está severamente limitado por nuestros equipos de reproducción y por la manera en que habitualmente experimentamos un concierto.
La forma tradicional de escuchar música es en un concierto, donde los músicos están colocados enfrente nuestro sobre un escenario o espacio limitado y separado del espectador. Sea que escuchamos la música de manera directa, sin amplificación, como en una sala de conciertos de música clásica, o con un sistema de amplificación, como en un concierto de rock o música electrónica, la música vendrá por lo general de enfrente.
Lo que escuchamos de los lados, de atrás o de encima, será la reverberación y delays calculados y deliberados, según la sala, o lo que llamamos, simplemente, los "rebotes".
Pero como hoy en día vamos muy poco a conciertos, escuchamos la mayor parte del tiempo música en sistemas de reproducción en stereo, sean éstos bocinas, audífonos o similares.
La manera tradicional de distribuir la música en un proyecto cinematográfico es muy similar a como nos imaginamos un concierto. Por lo general, la música se mezclará predominantemente en los canales izquierdo y derecho, dejando un hueco en el canal central para que no interfiera con los diálogos, y se mandará solamente una señal más débil, un reverb o un delay, a los canales laterales y traseros, con ello imitando lo que sucede con la acústica en una sala de conciertos.
Dentro de este esquema, cada instrumento se posicionará (o como se dice, paneará ) en un espacio parecido al que ocupan los músicos y sus instrumentos de una orquesta o un grupo musical sobre el escenario, y también como vienen mezclados en una grabación stereo de cualquier tipo.
De esta manera, al pasar del stereo al 5.1 hace ya más de 20 años, el sonido cinematográfico se niveló e imitó lo que ya estábamos acostumbrados a escuchar en otros escenarios musicales, pero no traspasó esas posibilidades. Y al no hacerlo, determinó también como se seguiría componiendo la música para cine hasta el día de hoy, eso es, de una manera similar a cómo se compone música para conciertos o grabaciones.
Dicho de otra modo, subir una mezcla de stereo a 5.1 / 7.1 no conlleva un cambio en el lenguaje musical del compositor o compositora, no obliga a aumentar o cambiar la capacidad sonora, espacial, narrativa, o cualquier otra dimensión que uno escoja, de la música. La sala de cine es, así, no diferente a una sala de concierto, no usa ni exige una lógica ni una experimentación diferente.
La composición musical para cine está basada en el hecho que uno, como espectador, está sentado en una sala mirando hacia adelante, donde también está la imagen, que tiene 2 oídos y orejas, también dirigidos bastante hacia adelante, y que se supone que no debe de moverse mucho y concentrarse en entender lo que está pasando sobre el escenario o pantalla.
Otro factor determinante es el hecho que la música, dentro del esquema cinematográfico habitual, no debe de casi escucharse o percibirse, que debe ser parte de todo el paquete de información que recibimos como espectadores, pero que no debe de tener una personalidad tan propia que se perciba como algo separado de la imagen, la narrativa y del demás sonido. En ese sentido, cuanto más "normal" (en su dimensión espacial) percibamos la música, más podremos abstraer de ella y menos la escucharemos.
(Recomiendo esto:
https://onlinelibrary.wiley.com/doi/epdf/10.1111/musa.12107
Este texto está un poco largo, y no lo he leído todo, pero explica bien esta última parte)
Comentarios
Publicar un comentario